Un caníbal lector y el origen del mal

"Hannibal Lecter sabía leer desde que tenía uso de la razón, o eso creía la niñera. Ella le leyó durante un breve período, cuando el pequeño tenía dos años; solía leerle un cuento de los hermanos Grimm ilustrado con xilografías en las que todo el mundo tenía las uñas de los pies puntiagudas. Hannibal la escuchaba leer con la cabeza recostada sobre su regazo mientras miraba las palabras de la página. Un día, la niñera vio que Hannibal acercó la cabeza al libro, la separó luego para poder enfocar las letras, y leyó en voz alta con la misma entonación que lo hacía ella".
Thomas Harris, Hannibal el origen del mal. 1º Edición, Buenos Aires: Plaza & Janes 2007, pág. 27
"Hannibal se puso un guante de goma.
-Quiero escuchar lo que tiene que decir sobre cómo se comió a mi hermana.
-Yo no lo hice. Hannibal sumergió a Milko en el fluido de embalsamaiento. Pasado un largo rato, tiró de la cadena y volvió a levantarlo, le echó agua en la cara y le anegó los ojos.
-No vuelva a decir eso -advirtió Hannibal.
-Todos nos sentíamos mal. muy mal -respondió Milko en cuanto pudo hablar-. Teníamos las manos congeladas y los pies gangrenados. No importa lo que hiciéramos, los hicimos para sobrevivir. Grutas fue rápido, ella no... A ti te dejamos con vida, nosotros..."
Thomas Harris, Hannibal el origen del mal. 1º Edición, Buenos Aires: Plaza & Janes 2007, pág. 254



